Comentan de España
Temen que estalle la burbuja en España
Los créditos hipotecarios y los de consumo alcanzan en conjunto alrededor de un 80% del PBI, una cifra récord para el país
MADRID.- En los últimos diez años, la imagen por excelencia de la prosperidad española fueron las enormes plumas de construcción.
No tanto por elección como por lo imposible que resulta no tropezar con ellas: están por todos lados. Se las ve, enhiestas, en predios donde antes había olivares, viñas, huertas o, simplemente, tierra yerma. Repetida y multiplicada, su imagen estilizada sintetizó mejor que ninguna otra el infatigable motor que la construcción representó para la economía española en diez años de bonanza sin precedentes. Una década en la que, en conjunto, su crecimiento viene superando con holgura el promedio europeo.
Son, dicen muchos, los mejores diez años en la historia económica de la España moderna. Y no es poco. Hoy -cuestión de percepciones- las plumas siguen allí. Pero el valor que se asocia con ellas ya no es tanto el de una pujanza que parecía imparable sino el de la preocupación: una preocupación creciente y con raíces en tierra firme.
Ocurre que, junto con la certeza de que pocos mercados inmobiliarios están más recalentados que éste -con alzas meteóricas en precios de venta- se hicieron evidentes las primeras señales de una desaceleración de la actividad.
Pero el verdadero miedo llega ahora, cuando la crisis de las hipotecas de alto riesgo en los Estados Unidos se refleja aquí como un fantasma salido de una película de terror e instala la duda que, con legítima incertidumbre, demanda hasta qué punto ese cimbronazo puede afectar la economía española o incluso repetirse aquí como un coletazo.
El escenario español no es sencillo. En conjunto, la deuda hipotecaria de las familias españolas llega a los 600.000 millones de euros. Semejante cifra representa el 55% de su PBI, estimado en la semana que acaba de terminar en 980.000 millones de euros.
Y si a la deuda hipotecaria se suma la de préstamos por consumo, el "pendiente" supera los 800.000 millones de euros y alcanza a tanto como el 80% del PBI de esta economía, situada entre las doce primeras del mundo. Nunca en la historia de la España moderna la "burbuja" interna fue tan grande.
No sólo eso: nunca la deuda hipotecaria fue tan grande. Nunca fue tan cara de pagar -las tasas alcanzaron esta semana un nivel récord- y nunca su aval -los bienes inmuebles- se vieron tan amenazados por un fantasma de baja de precios.
Son demasiados "récords", todos juntos, los que empiezan a proyectarse merced al inquietante haz de la experiencia norteamericana.
Confrontado con una inquietud que aumenta en la misma medida en que, junto con el fin de mes, se acerca el final de la siesta sagrada que aquí instalan las vacaciones del verano boreal, el gobierno socialista intentó un contundente mensaje de tranquilidad.
"Los problemas que estamos viendo en el nivel mundial no van a tener ningún efecto significativo o importante en la evolución de nuestra economía, que tiene bases muy sólidas como para hacer frente a situaciones de ese tipo", dijo el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, en una pausa de sus vacaciones. Fue, cuando menos, audaz. Porque, al mismo tiempo en que Zapatero lanzaba ese mensaje, el mercado -ese inmanejable nudo de nervios sin cabeza- contestó con un zarpazo de terror: empujado por la crisis, el Euribor, la tasa de referencia para el pago de hipotecas en España, alcanzaba su máximo histórico.
Dicho de otro modo: nunca una hipoteca fue tan cara en este país como el día en que el Presidente dijo que no pasaba nada. Y nunca un mensaje que intentó ser tranquilizador tuvo tan corta vida. "¿A quién tranquiliza Zapatero?", fue el irónico título del editorial que sobre el caso publicó el diario La Razón , uno de los más críticos del gobierno socialista.
Sanguinaria, la puja política quedó servida. "El presidente no tiene idea de lo que pasa y hace lo único que no puede hacerse en este caso, que es no hacer nada", dijo el líder del principal partido de oposición, el derechista Popular (PP), Mariano Rajoy, que además promete seguirla apenas se reanuden, dentro de pocos días, las sesiones de control en el Congreso.
Doble riesgo
El equipo económico del PP sostiene que la crisis de las hipotecas agita sobre España un doble riesgo.
Por un lado, por la suba de tipos de interés, que volverá muy difícil el pago de los préstamos. Por el otro, un temido derrumbe de precios que arrastre al sector que, en los últimos años, fue motor de la expansión económica, con una enorme generación de riqueza y de puestos de empleo que, de desatarse la crisis, correrían serio riesgo, según dijo a LA NACION uno de sus voceros parlamentarios, Vicente Martínez Pujalte.
Más allá de la avidez partidaria, el reajuste con que el mercado intenta defenderse de la crisis de los Estados Unidos golpea ya el bolsillo de los españoles y proyecta esa sombra sobre la economía en su conjunto. Para empezar, por la enorme deuda hipotecaria.
Es que, de acuerdo con datos oficiales, a esta altura del partido, una familia promedio española dedica el 45% de sus ingresos al pago de la hipoteca, y ésta no sólo alcanza a máximos históricos de precio, sino que amenaza con seguir subiendo.
En conjunto, se trata de una deuda hipotecaria que supera los 600.000 millones de euros -o sea, el 55% de su PBI- contraída a un ritmo de endeudamiento que se duplicó en sólo cuatro años (en 2003, no superaba los 300.000 millones de euros), y con una fiebre que es difícil de soportar mucho más. "El esfuerzo español por pagar las hipotecas se encuentra en su punto máximo. Ya no se puede pedir más", dijo el vocero de la Asociación de Consumidores y Usuarios (OCU), Enrique García, al ser consultado por LA NACION. "Estamos ya muy cerca del límite. La suba de los tipos de interés es un enorme golpe a la economía familiar", añadió.
El reflejo natural se anticipa ya en el consumo. "Si lo primero que hace una familia es pagar la hipoteca y si eso representa casi la mitad de sus ingresos totales, lo que queda para consumo es cada vez menor", dicen en el departamento inmobiliario del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA).
De acuerdo con sus estimaciones, la deuda por crédito de consumo en la economía española ronda los 200.000 millones de euros, lo que, sumado a la carga hipotecaria, totaliza más de 800.000 millones de euros en deuda pendiente.
"¿No es demasiada deuda?", preguntó LA NACION en oficinas cercanas a las del ministro de Economía, Pedro Solbes. "No es para inquietarse. Hay que tener en cuenta que se trata de un compromiso que se paga en varios años", fue uno de los puntos centrales de una respuesta de ánimo tranquilizador.
Por Silvia Pisani
Corresponsal en España
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