¿Alemania? Parece que no nos interesa
El desinterés de Zapatero provoca la anulación de la cumbre bilateral con Merkel
No habrá este año la habitual y estratégica cumbre bilateral hispano-alemana, vital para nuestros intereses por tratrase del país motor europeo y del principal socio económico. No se ha elaborado una agenda con suficiente sustancia como para justificar la cumbre Zapatero-Merkel. Con estas palabras argumentaron fuentes alemanas la caída del calendario de la cita entre la canciller y el presidente español, anticipada para septiembre u octubre, y las partes consultadas no ven improbable que el cortocircuito político en Endesa haya contribuido a la destemplanza reinante.
Que Alemania venga de presidir simultáneamente la UE y el G-8 no entrañaría, al parecer, razón suficiente como para que el gabinete de la presidencia en Moncloa hubiese forzado la máquina con tal de mantener la cumbre. En el año en que Merkel ha reinado internacionalmente, Madrid no parece haber encontrado u ofrecido motivos suficientes para un encuentro y finalmente se suspende incluso la tradicional consulta regular.
La embajada alemana en Madrid y la cancillería en Berlín confirman que la agenda alemana para estos meses ya está cerrada y España no está dentro. Fuentes diplomáticas españolas no tienen apenas confianza en que el encuentro pudiera recuperarse en noviembre, pues el nuevo presidente francés ya ha ocupado las opciones alemanas, y «habría que haber empezado a prepararla desde ya».
Moncloa estaría «demasiado enfocada a su agenda de política interior», sugieren fuentes alemanas sin mencionar expresamente la precampaña electoral, de la que Berlín hace como si no quisiera saber nada para no cometer imprudencias. Se asume no obstante que entrado el invierno el jefe de Gobierno español podría buscar su «oportunidad fotográfica» con Merkel, así como con Sarkozy o Prodi, pero de entrada Berlín no parece proclive a facilitar la mercadotecnia, si no se dan realmente razones para emplear doce horas del calendario de la canciller en una cita inconsistente y poco más que protocolaria. Fuentes españolas recuerdan que ya la pasada reunión bilateral del lago Constanza había sufrido retrasos inusuales, principalmente por las injerencias políticas en la OPA sobre Endesa, y el trato que dispensó Merkel a Zapatero fue simplemente oficial. En el ministerio de Exteriores alemán se ponderó al menos el compromiso español con el nuevo tratado europeo y Merkel prometió a Zapatero incluir en su presidencia avances en política común migratoria, que es preocupación principal para Madrid.
Queda el hecho de que España formó gratuitamente parte de la «clique» que oreó por Europa el nuevo tratado constitucional, para finalmente verse relegada, y abandonada en la estacada, por la presidencia alemana de la UE, tras el acuerdo de Merkel con el «président» Sarkozy para un mini-tratado.
Pero expertos bilaterales subrayar que en el nuevo tratado hay aún mucha tela que cortar, y que hay cuestiones de evidente interés común en los responsables políticos españoles y alemanes, como la política de justicia e interior, que en asuntos de antiterrorismo había logrado una gran cooperación antes de la tregua; y el papel de Polonia en el futuro tratado, o Kosovo y Serbia, las misiones armadas en el Líbano y en Afganistán, la política energética y el cambio climático.
Contraste de la agenda
En otro orden de cosas, contrasta el que dos de los principales socios económicos comunitarios no han encontrado motivos suficientes para dedicarse un día de su agenda internacional, según comentan miembros del Foro Hispano-Alemán. Para España, Alemania es no sólo uno de sus primeros suministradores, sino también principal cliente, comprador e inversor. Pero aunque Alemania proporciona un 25% de los fondos comunitarios que recibe España y aquélla ha sextuplicado a su vez muy beneficiosamente su hoja de negocios con ésta, en términos económicos las relaciones entre ambos paíeses han quedado enfriadas durante el affaire Endesa-Eon.
Medios políticos, económicos y la propia prensa acusaron una hostilidad inusitada por parte de Moncloa a la OPA de la primera empresa energética alemana y que habría convertido a la fusión resultante en la potencia mundial en el sector. Pese al boicot político primero y a la salida económica buscada finalmente a Eon a través de Viesgo, las antes excelentes relaciones de confianza empresarial e inversora -según algunos de los principales actores comerciales- parecen haber retrocedido bastantes años.
La prensa alemana comentaba antes con frecuencia la tirante relación de Schröder con Aznar, en desfavor siempre de éste; pero acogió con expectación la llegada de Rodríguez Zapatero. En cambio, hoy ya trata poco y desilusionadamente al presidente español.
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